El sistema de reservas de una aerolínea sabe quién tiene intención de volar. No sabe quién se presentó realmente, qué asiento ocupó, cuántos bultos entregó ni si cruzó la puerta. Ese hueco entre la intención y el hecho es donde vive un sistema de control de salidas.
Local DCS gestiona la fase final: aceptar al pasajero, comprobar documentación y servicios especiales, asignar un asiento desde la configuración de cabina, registrar bultos y peso contra el registro del pasajero, controlar el embarque en la puerta y cerrar el vuelo con un manifiesto.
La palabra local importa. Una escala sin un DCS host completo —una compañía pequeña, un agente de handling que cubre varias aerolíneas, o cualquier aerolínea el día en que el host no responde— tiene igualmente que sacar el avión. Un sistema de control de salidas que se ejecuta en el aeropuerto, y no al otro extremo de un enlace, mantiene la operación en marcha cuando el enlace no lo está.
También significa que las cifras se mantienen juntas. Los recuentos de facturados, embarcados y no presentados cambian sin parar en la última hora, y cada uno tiene consecuencias: un no presentado es un bulto que hay que encontrar, un asiento que hay que liberar y una decisión sobre si esperar. Cuando esos recuentos y los datos de equipaje están en el mismo registro, el agente de puerta y la plataforma leen el mismo vuelo.
El cierre es el momento en que todo queda fijado. El manifiesto y las cifras de salida se convierten en el relato de lo ocurrido y, aguas abajo, en la base de lo que se facturará.